La corrosión de las armaduras es uno de los problemas más frecuentes de daño de las estructuras de hormigón armado. La consecuencia más importante de este proceso es una baja de la capacidad resistente de los elementos atacados, afectando con ello la integridad de la estructura y su durabilidad.
La corrosión es un fenómeno electroquímico, que se presenta cuando un metal tiene zonas sometidas a distintas concentraciones de oxígeno, o que posee zonas con diferentes estructuras cristalinas, o que se encuentra embebido en un medio heterogéneo, o que está sometido a diferentes tensiones, entre otras, lo que da lugar a la formación de una pila.
El lugar donde el acero se corroe es el ánodo, en el cual se produce una disolución del hierro que libera electrones:
Estos electrones perdidos se consumen en el cátodo, en una reducción de oxígeno, el cual se ha difundido disuelto en agua a través de los poros del hormigón, dando lugar a la formación de iones hidroxílo:
que luego son transportados al ánodo a través del electrolito, combinándose con los cationes F++ para formar hidróxido de hierro soluble:
Si hay aportación suficiente de oxígeno el óxido pasa a ser insoluble de color rojizo formando la herrumbre.