sábado, 21 de julio de 2007

El Plan Delta: El Reino de los Países Bajos

Los diques se fabricaron diques o malecones primarios de mar y también diques secundarios, cuya construcción se requiere para evitar que se produzcan indeseables corrientes de marea durante la construcción de los malecones primarios.





La barrera de marea, Escalda Occidental permanece abierto a la navegación que se dirige y viene de Amberes, lo que significa que habían de ser elevados los diques de esta importante arteria de navegación. Las carreteras que se han construido en la zona del Delta, parcialmente encima de los malecones, constituyen una buena apertura de este territorio que antes quedaba bastante aislado.
En el Rotterdam Waterweg (vía fluvial roterdamesa) se construye una barrera de marea móvil, cuya obra ha de quedararía ultimada en 1996. Esta represa no constituye normalmente ningún obstáculo para la navegación y sólo se cerrará en casos de darse extremos niveles de agua del mar.


Técnicas usadas en los cierres

El cierre gradual moderno de un brazo de mar se realiza con piedras o por cajones de hormigón, que se arrojan sobre la brecha que ha de cerrarse con ayuda de un teleférico tendido sobre el lugar. Detrás de esta gran muralla de piedras o de bloques de hormigón que sirve para cortar la corriente, se procede con la construcción del cuerpo del dique aplicando la técnica del lanzamiento de arena. Una ventaja de este método es que de esta forma se puede trabajar con un sistema de turnos día y noche, cualquiera que sea la fuerza del viento y el tiempo que haga. El sistema teleférico fue aplicado por primera vez en 1964, para cerrar el brazo de mar Grevelingen, en cuya ocasión se erigió un malecón de obturación en plena corriente, en una brecha de 1200 metros de largo. El Haringvliet fue cerrado también (1971) con ayuda de este sistema teleférico



Sistema teleférico



Cajones permeablesEl segundo método que se aplica para cerrar una abertura es el llamado método ‘repentino', mediante el cual se hace uso de cajones franqueables a compuertas. En una dársena de construcción situada a una determinada profundidad y rodeada por diques, se construyen los cajones necesarios. Un cajón franqueable viene a ser en realidad una gran esclusa, con la altura de un edificio de apartamentos de seis pisos. Para su transporte flotante, desde la dársena de construcción al lugar de la brecha, los cajones están cerrados herméticamente, a lo largo de los dos costados mayores, con tabiques de madera flotantes.



En el centro de cada cajón se encuentra una hilera de compuertasde acero que pueden moverse verticalmente con ayuda de cabrias eléctricas. Cuando el cajón ha llegado al lugar previsto, arrastra do por remolcadores, se abren, por unas barras verticales, unas grandes válvulas instaladas en el fondo del cajón, dejando paso al agua hasta hundirse así en el fondo.
Barrera de marea



Inmediatamente después se retiran los tabiques de madera en ambos lados y se alzan las compuertas de acero, de suerte que las corrientes de marea puedan atravesar libremente el cajón. Una vez que todos los cajones han formado una hilera cerrada en el lugar que ha de ser obturado, se procede en un momento dado, que coincide con el cambio de marea, al descenso de las compuertas de todos los cajones y toda la brecha queda así cerrada de una vez. Delante, detrás y sobre la hilera de cajones, se lanza arena a chorro a un ritmo muy acelerado, formándose así el cuerpo del dique y quedando incorporados los cajones en el malecón o dique.

Veere experimentó en 1961 una primicia mundial al cerrarse allí el 'Veerse Gat' mediante estos cajones a compuertas. En 1969 se cerraron también con cajones el Volkerak y el Lauwerszee. A diferencia del método del teleférico, el cierre con cajones depende en alto grado de un estado de tiempo tranquilo y de la marea. Por lo general, no se llega a colocar más que un sólo cajón por dia



Barrera de marea

Veere experimentó en 1961 una primicia mundial al cerrarse allí el 'Veerse Gat' mediante estos cajones a compuertas. En 1969 se cerraron también con cajones el Volkerak y el Lauwerszee. A diferencia del método del teleférico, el cierre con cajones depende en alto grado de un estado de tiempo tranquilo y de la marea. Por lo general, no se llega a colocar más que un sólo cajón por día.
En 1971 se cerraron simultáneamente las dos brechas en el malecón del Brouwers- havense Gat, la meridional con bloques de hormigón por el método teleférico y la septentrional con cajones a compuertas.

Exclusas de Venecia

Venecia acomete una de las obras de ingeniería más ambiciosas de Europa. Un sistema de diques móviles que permitirá cerrar la laguna al mar y evitar las inundaciones (al menos dos al mes) que sufre la ciudad de las 118 islas. Se llama Mose (el término corresponde a las siglas de "módulo experimental electromecánico", y significa "Moisés" en italiano), costará 4.300 millones de euros y estará listo en 2011. Silvio Berlusconi asegura que será la salvación definitiva de Venecia. Pero grupos ecologistas aducen que es un sistema irreversible y algunos expertos alertan de que la laguna puede convertirse en una bañera de aguas estancadas. Mientras, los venecianos se siguen calzando las botas. El siglo pasado, su ciudad se hundió 24 centímetros.






Setenta y dos compuertas hundidas en el fondo del mar que emergerán cuando el mar suba un metro, lo que ocurre en Venecia siete veces al año. El objetivo del sistema de diques móviles Mose es evitar que el salitre corroa los pilares de la ciudad y acelere su decadencia. Silvio Berlusconi asegura que el Mose veneciano es "la más importante obra medioambiental del mundo". Quienes se oponen al sistema dicen, en cambio, que se trata de una obra faraónica y excesivamente cara, pensada para enriquecer a los constructores y destinada a causar graves daños económicos y ecológicos. Y amenazan con paralizarla si el centro-izquierda llega al gobierno en 2006.



La idea de cerrar de alguna forma los "pasillos" que conectan la laguna de Venecia con el mar se concretó tras las desastrosas inundaciones de 1966. Aquel año, la plaza de San Marcos quedó sepultada bajo metro y medio de agua y los cimientos de la vieja urbe, una precaria maravilla que se alza sobre 118 islas unidas por más de 400 puentes, sufrieron daños muy severos. A pequeña escala, las inundaciones se reproducen varias veces al año. Con cada "agua alta" penetra salitre del mar en los sótanos, se corroen los pilares de madera de la ciudad y la expectativa de vida de Venecia se acorta un poco más. Se hundió 24 centímetros en el siglo XX. En el XXI se prevé un descenso similar.


"Los venecianos tardamos 88 años en construir el puente de Rialto; con un poco de suerte, el Mose nos costará menos tiempo", ironiza Flavia Faccioli, portavoz del Consorcio Venezia Nuova. El consorcio, formado por los principales constructores y sociedades de ingeniería de la región, tiene la misión de realizar el Mose. Se encargó también de estudiar las soluciones posibles, lo que hace sospechar a algunos que eligió el más caro por razones de interés privado. "e ha discutido durante más de 30 años, hemos contado con el dictamen positivo de cinco expertos internacionales, los tribunales nos han dado la razón cuando ha habido pleitos; el Mose es un proyecto fantástico que protegerá Venecia y, además, la convertirá en la ciudad con mayor experiencia en tecnología portuaria del mundo. Todas estas polémicas absurdas", comenta Faccioli, "sólo son posibles en Venecia".


El vicealcalde, Michelle Vianello (Partido de los Demócratas de Izquierda), promete más que polémica. "Esperamos que en primavera haya un cambio de gobierno, porque lo primero que propondremos a Romano Prodi será la paralización de las obras y la eliminación de todos los trabajos ya realizados (un 20% del total)", afirma Vianello. "Estamos analizando proyectos alternativos: queremos una obra menos costosa y menos dañina para la laguna", agrega. El vicealcalde piensa que el cierre de los diques en las mareas muy altas dañará el ecosistema acuático y, sobre todo, complicará el acceso de buques a la laguna (el puerto es el principal negocio de la zona, junto al turismo). El consorcio niega esa hipótesis: "Las esclusas de acceso permanente evitarán que los transatlánticos, los mercantes y los pesqueros sigan entrando y saliendo sin dificultad", dicen.


El alcalde, Massimo Cacciari, nunca se ha declarado a favor del Mose ni totalmente en contra. Sus quejas se centran en los recortes que ha sufrido la financiación estatal destinada al mantenimiento de Venecia. Berlusconi, en la práctica, ha vinculado la entrega de fondos con la construcción del Mose. Insula, la sociedad municipal que mantiene viva Venecia, se encarga de drenar los 90 kilómetros de canales internos, de restaurar puentes y fachadas, de proteger el alcantarillado y la red de electricidad, gas y teléfono; además, eleva poco a poco (lleva ya 50.000 metros cuadrados) las zonas más bajas de la ciudad, como San Marcos. En 10 años ha gastado 373 millones de euros, menos del 10% de lo que cuesta el Mose.


El vicealcalde Vianello y Flavio del Corso, asesor ambiental del grupo municipal de Los Verdes, opinan que esos trabajos son más importantes que el Mose. "Las mareas excepcionales son rarísimas; nuestro problema son las habituales, las que elevan el agua 120 o 130 centímetros y complican la vida urbana", dice Vianello.


Maria Giovanna Piva considera que relativizar el riesgo de las mareas altísimas roza la inconsciencia. Es presidenta de la Magistratura de las Aguas, departamento que desde 1501 se dedica a proteger la laguna. "Sufrir otra gran marea sería catastrófico", declara. "También lo sería paralizar el Mose porque habría que indemnizar a las empresas constructoras y, entre tanto, seguiríamos a merced del mar. Hay que terminarlo", afirma, "y lo terminaremos".